CURACIÓN EMOCIONAL

CURACIÓN EMOCIONAL

MENOS PASTILLAS Y MÁS ZAPATILLAS.

Los trastornos emocionales son consecuencia de disfunciones en nuestro bienestar psicológico. Es necesario reprogramar el cerebro emocional a partir de la alimentación, el ejercicio, la comunicación… capacidades que te permitirán recuperar el equilibrio y el bienestar.

¿A que no sabías que las personas que practican actividad física de manera regular obtienen más placer de las cosas pequeñas de la vida?

El día que los historiadores se dediquen a estudiar la historia de la medicina del siglo XX, creo que descubrirán un momento estelar… la demostración científica de que la alimentación tiene un impacto profundo sobre casi todas las enfermedades más importantes de la sociedad occidental.

El cerebro es tan sensible al contenido de la alimentación diaria como lo es el corazón. Cuando intoxicas tu cuerpo con alcohol tu cerebro sufre, cuando no lo alimentas con componentes esenciales, tu cerebro sufre. Ya lo decía Hipócrates, que tu alimento sea tu medicina, y que tu medicina sea tu alimento.

Existe algo que a pesar de generar adicción aporta numerosos beneficios, te ayuda a controlar el peso, aumenta tu líbido, mejora el sueño, reduce la presión arterial, refuerza el sistema inmune, protege frente a enfermedades cardíacas… tu intoxicación de ejercicio físico te proporcionará la sensación de que puedes manejar tu vida, exactamente al contrario de lo que sucede con los tranquilizantes. Demostrado por la ciencia occidental: el ejercicio es un buen tratamiento para la ansiedad.

Las células NK (natural killers) son muy sensibles a nuestras emociones, cuanto mejor nos sentimos, mejor y con más eficacia realizan sus tareas.

Por el contrario, en periodos de estrés y depresión se desactivan o dejan de multiplicarse, si además dejamos de practicar ejercicio, la tasa de NK cae de manera brutal.

La depresión siempre está asociada a pensamientos negros, pesimistas, de desvalorización de uno mismo y los demás, que no dejan de dar vueltas a la cabeza: “Nunca lo conseguiré, de todas maneras, intentarlo no servirá de nada. No funcionará; soy fe@; no soy inteligente; siempre me pasa lo mismo, no tengo remedio; no dispongo de suficiente energía, fuerza, coraje, voluntad, ambición, etc… no le gusto a la gente, carezco de talento, no merezco que nadie se interese por mi, no merezco ser amad@; me siento mal, etc.

Pensamientos que suelen convertirse en algo tan automático que deja de percibirse hasta qué punto son anormales, y representan la expresión de una enfermedad del alama en lugar de una verdad objetiva.

El simple hecho de repetirte cada día esas frases alimenta la depresión, y el hecho de dejar de hacerlo voluntariamente, te situa un paso más cerca de tu bienestar.

Una de las características del esfuerzo físico prolongado es que permite detener, al menos de manera temporal, ese fluido incesante de pensamientos negros. No aparecen de manera espontánea en tu mente, y si así fuera, te bastaría con volver a llevar la atención a tu respiración o a tus pasos en el suelo, a la conciencia de mantener una postura erguida… te darás cuenta cómo se silencia ese diálogo interno.

Insiste, resiste y persiste… sólo los que perseveran son los que llegan a experimentar el éxtasis adictivo de la práctica deportiva. Los pensamientos se tornan positivos, creativos… lo que te permite adentrarte en ese estado de “fluir” es el hecho de perseverar en un esfuerzo que te mantiene al límite de tus capacidades.

Si ya estás convencido de la importancia de practicar ejercicio de manera regular, imagino que tu próxima pregunta es “y ahora cómo lo integro en mi vida”, sobre todo si estás pasando por un bache emocional pues tendrás a la vista mil excusas que te impiden ponerte manos a la obra. Peeeeero no te preocupes porque hay claves muy simples que te pueden facilitar el paso a una vida físicamente más activa.

Para EMPEZAR tienes que saber que no es necesario que el primer día hagas el entreno de tu vida, que quieras hacer una sesión que “compense” todo ese tiempo de inactividad. Tu primer objetivo es: CONSTANCIA. La cantidad mínima que tiene efecto sobre el cerebro emocional son veinte minutos de ejercicio tres veces a la semana, como habrás podido ver no he mencionado nada sobre intensidad ni distancia recorrida. Los beneficios son proporcionales a la dosis… cuanto más deprimido estés, más regular e intenso debe ser el ejercicio. Obviamente cinco sesiones a la semana son preferibles a tres, y una sesión de entreno de fuerza de una hora preferible a
veinte minutos de marcha. No obstante, lo peor es que te sofoques el primer día, te canses y no quieras volver. En este caso, esos veinte minutos de marcha serán infinitamente más eficaces, recuerda que el objetivo es llegar a ser constante.

¿Hasta dónde, cuánto? Permanece siempre al límite de tus capacidades, ahí es donde la puerta al fluir se abre. Como consecuencia del entrenamiento, aumentarán tus capacidades y lograrás llevar esos límites más lejos cada vez.

La TRIBU. Practicar en grupo podría ser más eficaz que hacerlo de manera individual. El apoyo y el ánimo de los demás cobra importancia, sentir que perteneces a un grupo que disfruta contigo te hace mantener tu motivación al alza y ello te dará regularidad y mejor aún, no habrá cabida para excusas el día que llueva, te pongan una buena peli en la tele o llegues tarde. Crear una comunidad con tus compañeros de entreno, del club o tus amigos te reforzará el compromiso adquirido y además para qué negarlo, el afecto es una necesidad biológica.

Encuentra mucho más en el libro Curación Emocional del investigador David – Servan -Schreiber.



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